SCRUTATIO

Miércoles, 8 Julio 2026 - Santi Aquila e Priscilla ( Letture di oggi)

Mateo 27


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1Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús.2Y atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.3Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos4diciendo: «He pecado entregando sangre inocente». Pero ellos dijeron: «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».5Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó.6Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron: «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas porque son precio de sangre».7Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros.8Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre».9Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel,10y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».11Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices».12Y mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada.13Entonces Pilato le preguntó: «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».14Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado.15Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera.16Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás.17Cuando la gente acudió, dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».18Pues sabía que se lo habían entregado por envidia.19Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».20Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.21El gobernador preguntó: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?». Ellos dijeron: «A Barrabás».22Pilato les preguntó: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». Contestaron todos: «Sea crucificado».23Pilato insistió: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaban más fuerte: «¡Sea crucificado!».24Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!».25Todo el pueblo contestó: «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».26Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.27Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte:28lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura29y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!».30Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza.31Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.32Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.33Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),34le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo.35Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes36y luego se sentaron a custodiarlo.37Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos».38Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.39Los que pasaban, lo injuriaban, y meneando la cabeza,40decían: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».41Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:42«A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos.43Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”».44De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.45Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra.46A la hora nona, Jesús gritó con voz potente: Elí, Elí, lemá sabaqtaní (es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).47Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron: «Está llamando a Elías».48Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.49Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo».50Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.51Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron,52las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron53y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.54El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados: «Verdaderamente este era Hijo de Dios».55Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo;56entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.57Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús.58Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran.59José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia,60lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó.61María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.62A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato63y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: “A los tres días resucitaré”.64Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».65Pilato contestó: «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis».66Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.