SCRUTATIO

Miércoles, 8 Julio 2026 - Santi Aquila e Priscilla ( Letture di oggi)

Juan 4


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1Cuando supo Jesús que habían oído los fariseos que Jesús hacía más discípulos que Juan y que bautizaba2(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),3dejó Judea y partió de nuevo para Galilea.4Era necesario que él pasara a través de Samaría.5Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José;6allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.7Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber».8Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.9La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).10Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».11La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?;12¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».13Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed;14pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».15La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».16Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve».17La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido:18has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».19La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta.20Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».21Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.22Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.23Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así.24Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».25La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».26Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».27En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».28La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:29«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».30Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.31Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come».32Él les dijo: «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».33Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?».34Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.35¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega;36el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.37Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega.38Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».39En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».40Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.41Todavía creyeron muchos más por su predicación,42y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».43Después de dos días, salió Jesús de Samaría para Galilea.44Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria».45Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.46Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún.47Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.48Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis».49El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño».50Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino.51Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía.52Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».53El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia.54Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.