SCRUTATIO

Martes, 7 Julio 2026 - Sant´Edda ( Letture di oggi)

Lucas 9


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1Habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.2Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos,3diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno.4Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.5Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos».6Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.7El tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos;8otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.9Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?». Y tenía ganas de verlo.10Al regresar los apóstoles, le contaron todo cuanto habían hecho, y tomándolos consigo, se retiró a solas hacia una ciudad llamada Betsaida;11pero la gente, al darse cuenta, lo siguió. Jesús los acogía, les hablaba del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación.12El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado».13Él les contestó: «Dadles vosotros de comer». Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente».14Porque eran unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: «Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno».15Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos.16Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente.17Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.18Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?».19Ellos contestaron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».20Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro respondió: «El Mesías de Dios».21Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.22Porque decía: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».23Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga.24Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.25¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?26Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, en la del Padre y en la de los ángeles santos.27Pues de verdad os digo que hay algunos de los aquí presentes que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios».28Unos ocho días después de estas palabras, tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar.29Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor.30De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías,31que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.32Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.33Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía.34Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube.35Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo».36Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.37Al día siguiente, cuando bajaron ellos del monte, le salió al encuentro mucha gente.38Y, de pronto, un hombre de entre la gente se puso a dar voces diciendo: «Maestro, te ruego que te fijes en mi hijo, que es el único que tengo,39pues un espíritu se apodera de él y de repente se pone a gritar y le retuerce echando espumarajos y a duras penas se aleja de él, dejándolo maltrecho.40He pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido».41Respondió Jesús y dijo: «Generación incrédula y perversa, ¿hasta cuándo he de estar con vosotros y os tendré que sufrir? Trae aquí a tu hijo».42Mientras se acercaba este, lo tiró el demonio al suelo y le dio una violenta sacudida; pero Jesús increpó al espíritu inmundo, curó al niño y lo devolvió a su padre.43Y todos quedaban estupefactos ante la grandeza de Dios. Entre la admiración general por lo que hacía, dijo a sus discípulos:44«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».45Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.46Se suscitó entre ellos una discusión sobre quién sería el más importante.47Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado48y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».49Entonces Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros».50Jesús le respondió: «No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».51Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén.52Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos.53Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.54Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».55Él se volvió y los regañó.56Y se encaminaron hacia otra aldea.57Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas».58Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».59A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».60Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».61Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».62Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».