SCRUTATIO

Miércoles, 8 Julio 2026 - Santi Aquila e Priscilla ( Letture di oggi)

Lucas 7


font

1Cuando terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún.2Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho.3Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado.4Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas,5porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga».6Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo;7por eso tampoco me creí digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano.8Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».9Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».10Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.11Poco tiempo después iba camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.12Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.13Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores».14Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».15El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.16Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».17Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.18Los discípulos de Juan le contaron todo esto. Y Juan, llamando a dos de sus discípulos,19los envió al Señor diciendo: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?».20Los hombres se presentaron ante él y le dijeron: «Juan el Bautista nos ha mandado a ti para decirte: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”».21En aquella hora curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista.22Y respondiendo, les dijo: «Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados.23Y ¡bienaventurado el que no se escandalice de mí!».24Cuando se marcharon los mensajeros de Juan, se puso a hablar a la gente acerca de Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?25Pues ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios reales.26Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.27Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.28Porque os digo, entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él».29Al oír a Juan, todo el pueblo, incluso los publicanos, recibiendo el bautismo de Juan, proclamaron que Dios es justo.30Pero los fariseos y los maestros de la ley, que no habían aceptado su bautismo, frustraron el designio de Dios para con ellos.31«¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes?32Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de: “Hemos tocado la flauta | y no habéis bailado, | hemos entonado lamentaciones, | y no habéis llorado”33Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: “Tiene un demonio”;34vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.35Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».36Un fariseo le rogaba que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa.37En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y,38colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.39Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».40Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». Él contestó: «Dímelo, Maestro».41«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta.42Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?».43Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Y él le dijo: «Has juzgado rectamente».44Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos.45Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies.46Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume.47Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».48Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados».49Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».50Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».