SCRUTATIO

Jueves, 9 Julio 2026 - Santi Aquila e Priscilla ( Letture di oggi)

Hechos de los Apóstoles 8


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1Saulo aprobaba su ejecución. Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría.2Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.3Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia, penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.4Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra.5Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo.6El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo:7de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban.8La ciudad se llenó de alegría.9Pero un hombre llamado Simón se encontraba ya antes en la ciudad practicando la magia; tenía asombrada a la gente de Samaría y decía de sí mismo que era un personaje importante.10Todos, desde el menor hasta el mayor, lo escuchaban con atención y decían: «Este es la potencia de Dios llamada la Grande».11Lo escuchaban con atención, pues durante mucho tiempo los había asombrado con sus magias;12pero cuando creyeron a Felipe que les anunciaba la Buena Nueva del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, se bautizaban tanto los hombres como las mujeres.13El mismo Simón también creyó y, una vez bautizado, estaba constantemente con Felipe, asombrado al ver los signos y grandes milagros que se obraban.14Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan;15ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo;16pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús.17Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.18Al ver Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se confería el Espíritu, les ofreció dinero,19diciendo: «Dadme a mí también ese poder, de forma que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos».20Pero Pedro le dijo: «¡Vaya tu dinero contigo a la perdición, pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero!21No tienes parte ni herencia en este asunto, porque tu corazón no es recto ante Dios.22Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad y ruega al Señor, a ver si se te perdona este pensamiento de tu corazón,23ya que veo que estás lleno de veneno amargo y esclavizado por la maldad».24Respondió Simón y dijo: «Rogad por mí al Señor para que no me sobrevenga lo que habéis dicho».25Ellos, pues, después de haber dado testimonio y haber proclamado la palabra del Señor, regresaron a Jerusalén anunciando la Buena Nueva a muchas aldeas de samaritanos.26Un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo: «Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».27Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar.28Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías.29El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y pégate a la carroza».30Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?».31Contestó: «¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?». E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él.32El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este: Como cordero fue llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, así no abre su boca.33En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá contar su descendencia? Pues su vida ha sido arrancada de la tierra.34El eunuco preguntó a Felipe: «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».35Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús.36Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».37[« Dijo Felipe: Es posible si crees de todo corazón: Respondiendo él, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios»]38Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó.39Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.40Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.