SCRUTATIO

Sábado, 11 Julio 2026 - San Benedetto ( Letture di oggi)

Hechos de los Apóstoles 2


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1Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar.2De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados.3Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos.4Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.5Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo.6Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.7Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo: «¿No son galileos todos esos que están hablando?8Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?9Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia,10de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros,11tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».12Estaban todos estupefactos y desconcertados, diciéndose unos a otros: «¿Qué será esto?».13Otros, en cambio, decían en son de burla: «Están borrachos».14Entonces Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró ante ellos: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.15No es, como vosotros suponéis, que estos estén borrachos, pues es solo la hora de tercia,16sino que ocurre lo que había dicho el profeta Joel:17Y sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán y vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños;18y aun sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días, y profetizarán.19Y obraré prodigios arriba en el cielo y signos abajo en la tierra, sangre y fuego y nubes de humo.20El sol se convertirá en tiniebla y la luna en sangre, antes de que venga el día del Señor, grande y deslumbrador.21Y todo el que invocare el nombre del Señor se salvará.22Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis,23a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos.24Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio,25pues David dice, refiriéndose a él: Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile.26Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada.27Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.28Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro.29Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy.30Pero como era profeta y sabía que Dios le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo,31previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que no lo abandonará en el lugar de los muertos y que su carne no experimentará corrupción.32A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.33Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.34Pues David no subió al cielo, y, sin embargo, él mismo dice: Oráculo del Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha,35y haré de tus enemigos estrado de tus pies”.36Por lo tanto, con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».37Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?38Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.39Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».40Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa».41Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.42Y perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.43Todo el mundo estaba impresionado y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos.44Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común;45vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.46Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón;47alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.