SCRUTATIO

Miércoles, 8 Julio 2026 - Santi Aquila e Priscilla ( Letture di oggi)

Marcos 10


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1Y desde allí se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba.2Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».3Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?».4Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».5Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto.6Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer.7Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer8y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne.9Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».10En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.11Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera.12Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».13Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.14Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios.15En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».16Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.17Cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».18Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.19Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».20Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».21Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».22A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.23Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!».24Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios!25Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».26Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».27Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».28Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».29Jesús dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio,30que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna.31Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».32Estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo. Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder:33«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles,34se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará».35Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».36Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?».37Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».38Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».39Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar,40pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».41Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.42Jesús, llamándolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen.43No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor;44y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.45Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».46Y llegan a Jericó. Y al salir él con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna.47Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».48Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí».49Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama».50Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.51Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le contestó: «Rabbuní, que recobre la vista».52Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.