SCRUTATIO

Domingo, 12 Julio 2026 - San Benedetto ( Letture di oggi)

Jeremías 13


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1Esto me dijo el Señor: «Ve, cómprate un cinturón de lino y rodéate con él la cintura; pero no lo metas en agua».2Me compré el cinturón, según me lo mandó el Señor, y me lo ceñí.3El Señor me dirigió la palabra por segunda vez:4«Toma el cinturón que has comprado y que llevas ceñido; ponte en marcha hacia el río Éufrates y lo escondes allí, entre las hendiduras de las piedras».5Fui y lo escondí en el Éufrates, según me había mandado el Señor.6Tiempo después me dijo el Señor: «Vete al río Éufrates y recoge el cinturón que te mandé esconder allí».7Fui al Éufrates, cavé y recogí el cinturón del sitio donde lo había escondido: estaba estropeado, no servía para nada.8Entonces el Señor me habló así:9«Esto dice el Señor: Del mismo modo consumiré la soberbia de Judá, la gran soberbia de Jerusalén.10Este pueblo malvado que se niega a escuchar mis palabras, que se comporta con corazón obstinado y sigue a dioses extranjeros, para rendirles culto y adorarlos, será como ese cinturón que ya no sirve para nada.11Porque del mismo modo que se ajusta el cinturón a la cintura del hombre, así hice yo que se ajustaran a mí la casa de Judá y la casa de Israel —oráculo del Señor— para que fueran mi pueblo, mi fama, mi alabanza y mi honor. Pero no me escucharon».12Les dirás también: —Esto dice el Señor: «Los cántaros sirven para conservar el vino». Ellos te contestarán: —¿Te crees que no sabemos que los cántaros sirven para conservar el vino?13Entonces les dirás: —Pues esto dice el Señor: «Voy a poner borrachos perdidos a todos los habitantes de este país, a los reyes que se sientan en el trono de David, a los sacerdotes, a los profetas y a todos los vecinos de Jerusalén.14Haré que se destrocen entre sí los padres con los hijos —oráculo del Señor—. No pienso conmoverme; ni compasión ni piedad evitarán que los destruya».15Escuchad, prestad mucha atención, | sin orgullo, que habla el Señor.16Honrad al Señor, vuestro Dios, | antes de que se echen las sombras, | antes de que tropiecen vuestros pies | por los montes, apenas sin luz; | antes de que la luz que esperáis | se convierta en sombras mortales, | se transforme en lóbregas tinieblas.17Pero si no escucháis, lloraré | en silencio vuestra arrogancia; | se desharán en llanto mis ojos, | verteré copiosas lágrimas | cuando deporten al rebaño del Señor.18Di al rey y a la reina madre: | «Sentaos humillados en el suelo, | pues ha caído de vuestras cabezas | la corona de vuestra dignidad.19Están las ciudades del Negueb | cerradas, sin nadie que las abra; | Judá ha sido deportada, | ha sido deportada por completo».20Alza tus ojos y mira | todos los que vienen del norte. | ¿Dónde está el rebaño que se te dio, | dónde tus hermosas ovejas?21¿Qué podrás decir, Jerusalén, | cuando lleguen y te castiguen, | tú que les habías enseñado | a tratarte como amigos? | ¿No te vendrán los dolores | igual que a mujer en parto?22Tal vez dirás en tu interior: | «¿Por qué me ocurre todo esto?». | Debido a todas tus culpas | te alzan las faldas y quedan descubiertos tus tobillos.23¿Muda el etíope de piel?, | ¿cambia el leopardo sus manchas? | Y vosotros, educados en el mal, | ¿podríais practicar el bien?24Por eso, os dispersaré como tamo | que arrebata el viento de la estepa.25Esta es tu suerte, la paga | que te daré —oráculo del Señor—, | pues te has olvidado de mí | y has confiado en la mentira.26También yo te he levantado | las faldas hasta la cara | y se han visto tus vergüenzas:27tus adulterios y relinchos, | tus planes de prostituta. | Arriba en los altos, por el campo, | he podido ver tus abominaciones. | ¡Ay, Jerusalén, impura!, | ¿hasta cuándo seguirás así?