SCRUTATIO

Martes, 7 Julio 2026 - Sant´Edda ( Letture di oggi)

Jueces 19


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1Por aquellos días, en que no había rey en Israel, un levita que vivía como extranjero en los confines de la montaña de Efraín se casó con una concubina de Belén de Judá.2Su concubina se enfadó con él y se marchó de su lado, yéndose a la casa de su padre, a Belén de Judá. Allí permaneció algún tiempo, unos cuatro meses.3Su marido se puso en camino tras ella, para hablarle al corazón y hacerla volver, llevando consigo a su criado y una pareja de borricos. Ella le hizo pasar a la casa de su padre. Cuando lo vio el padre de la joven, se alegró de encontrarlo.4Su suegro, el padre de la joven, lo retuvo, y permaneció con él tres días. Comieron, bebieron y pasaron la noche allí.5Al cuarto día, se levantaron temprano y se dispusieron a partir. El padre de la joven dijo entonces a su yerno: «Reconforta tu corazón con un bocado de pan, y luego partiréis».6Se sentaron a comer y a beber juntos. El padre de la joven le dijo: «Accede, por favor, a pasar la noche y que tu corazón se alegre».7El hombre se levantó para marchar, pero su suegro le insistió, y él volvió a pasar la noche allí.8Al quinto día se levantó de madrugada para irse. Pero el padre de la joven le dijo: «Por favor, reconforta tu corazón, y demoraos hasta que decline el día». Y comieron los dos.9Cuando el hombre se levantaba para irse con su concubina y su criado, le dijo su suegro, el padre de la joven: «El día declina y se va a hacer de noche. Por favor, pasad aquí la noche, pues el día se acaba. Pernocta aquí y que tu corazón se alegre. Mañana madrugaréis para hacer vuestro viaje e irás a tu tienda».10Pero aquel hombre no accedió a pasar la noche. Emprendió el camino, y llegó frente a Jebús, es decir, Jerusalén, con los dos borricos aparejados, y su concubina.11Cuando se encontraban cerca de Jebús, el día iba muy de caída. El criado dijo a su amo: «Vamos a desviarnos a esta ciudad jebusea, para pasar allí la noche».12Su amo le replicó: «No nos desviaremos a una ciudad extranjera en la que no vive ninguno de los hijos de Israel. Continuaremos hasta Guibeá».13Dijo luego a su criado: «Vamos y acerquémonos a una de las localidades, para pasar la noche en Guibeá o en Ramá».14Continuaron el camino, hasta que se les puso el sol cerca de Guibeá de Benjamín.15Se desviaron de allí para ir a pasar la noche en Guibeá. El levita entró y se sentó en la plaza de la ciudad, pero no hubo nadie que los acogiera para que pasaran la noche en su casa.16Entre tanto, un anciano regresaba al atardecer de su faena en el campo. Era un hombre de la montaña de Efraín que residía como emigrante en Guibeá, mientras que las gentes de la localidad eran benjaminitas.17El anciano levantó los ojos y, al ver al caminante en la plaza de la ciudad, preguntó: «¿Adónde vas y de dónde vienes?».18Le contestó: «Vamos de paso desde Belén de Judá a los confines de la montaña de Efraín, de donde soy yo. He ido hasta Belén de Judá. Yo voy frecuentemente a la casa de Dios, pero nadie me ha acogido en su casa.19Tenemos paja y forraje para nuestros borricos, y también pan y vino para mí, para tu sierva y para el criado que está con tu siervo. No tenemos necesidad de ninguna cosa».20El anciano le dijo: «La paz sea contigo. Todas tus necesidades corren de mi cuenta. No has de pasar la noche en la plaza».21Los hizo entrar en su casa y echó forraje a los borricos. Ellos se lavaron los pies, comieron y bebieron.22Se encontraban animados cuando la gente de la ciudad, unos malvados, cercaron la casa, aporrearon la puerta y dijeron a gritos al anciano, dueño de la casa: «Saca al hombre que has recogido en tu casa, para que lo conozcamos».23El dueño de la casa salió ante ellos y les dijo: «Hermanos míos, por favor, no obréis mal. Puesto que este hombre ha entrado en mi casa, no cometáis esa infamia.24Ahí está mi hija, que es virgen, y la concubina de él. Voy a sacarlas; forzadlas y haced con ellas lo que mejor os parezca. Pero con este hombre no cometáis tal infamia».25Aquellos hombres no le hicieron caso. El hombre tomó entonces a su concubina y la sacó fuera; ellos la forzaron y abusaron de ella toda la noche, hasta el amanecer. Al rayar el alba, la dejaron.26La mujer llegó al despuntar el alba, y quedó tendida a la entrada de la casa del hombre donde se encontraba su señor, hasta que se hizo de día.27Su señor se levantó de madrugada, abrió la puerta de la casa, y cuando salía para emprender la marcha, vio a su concubina tendida a la entrada de la casa, con las manos sobre el umbral.28Le dijo: «Levántate y vamos». Pero no hubo respuesta. La cargó sobre el borrico y se fue a su localidad.29Al llegar a su casa, tomó un cuchillo y, agarrando el cadáver de su mujer, la descuartizó miembro por miembro en doce trozos y los envió por todo el territorio de Israel.30Cuantos lo veían, decían: «No ha ocurrido ni se ha visto cosa semejante, desde la subida de los hijos de Israel de Egipto hasta el día de hoy. Consideradlo, deliberad y pronunciaos».