SCRUTATIO

Miércoles, 8 Julio 2026 - Santi Aquila e Priscilla ( Letture di oggi)

Jueces 11


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1Jefté, el galaadita, era un guerrero valiente. Galaad le había engendrado de una prostituta.2La esposa de Galaad le había dado también hijos. Cuando crecieron, expulsaron a Jefté, diciéndole: «No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer».3Jefté huyó lejos de sus hermanos y se asentó en la tierra de Tob. Se le juntaron hombres desocupados que hacían correrías con él.4Algún tiempo después los amonitas declararon la guerra a Israel.5Y en cuanto emprendieron la lucha con Israel, los ancianos de Galaad fueron a sacar a Jefté de la tierra de Tob.6Le dijeron: «Ven. Sé nuestro caudillo y lucharemos contra los amonitas».7Pero Jefté respondió: «Vosotros fuisteis los que por odio me expulsasteis de la casa de mi padre. ¿Por qué venís ahora a buscarme, cuando os encontráis en apuros?».8Los ancianos de Galaad le dijeron: «Por eso te hemos buscado, para que vengas con nosotros, luches contra los amonitas y hagas de jefe de todos los habitantes de Galaad».9Jefté respondió: «Si me hacéis volver para luchar contra los amonitas y el Señor los entrega ante mí, yo seré vuestro jefe».10Los ancianos de Galaad le dijeron: «El Señor sea testigo contra nosotros, si no hacemos como dices».11Jefté se puso en camino con los ancianos de Israel, y el pueblo le nombró su jefe y caudillo. Jefté repitió todas sus palabras ante el Señor en Mispá.12Jefté despachó mensajeros al rey de los amonitas con estas palabras: «¿Qué tienes contra mí, para que hayas venido a luchar contra mi país?».13El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté: «Israel se apropió de parte de mi país al subir de Egipto, desde el Arnón al Yaboc y el Jordán. Pues bien, devuélvelo pacíficamente».14Jefté volvió a despachar mensajeros al rey de los amonitas15con estas palabras: «Así dice Jefté: Israel no se apoderó de la tierra de Moab ni de la tierra de los amonitas,16sino que al subir de Egipto caminó por el desierto hasta el mar Rojo y llegó a Cadés.17Entonces despachó mensajeros al rey de Edón, pidiéndole: “Por favor, déjame atravesar tu país”. Pero, el rey de Edón no quiso escuchar. También despachó mensajeros al rey de Moab, que tampoco accedió. E Israel permaneció por ello en Cadés.18Caminó por el desierto, rodeando la tierra de Edón y la tierra de Moab, llegó desde oriente a la tierra de Moab y acampó allende el Arnón. Pero no entró en el territorio de Moab, pues el Arnón es el límite de Moab.19Israel despachó luego mensajeros a Sijón, rey amorreo, rey de Jesbón. Le dijo: “Por favor, déjanos atravesar tu país hasta nuestro destino”.20Pero Sijón no se fió de que Israel atravesara su territorio. Sijón reunió a toda su gente y acamparon en Yasá para luchar contra Israel.21El Señor, Dios de Israel, entregó a Sijón y a toda su gente en mano de Israel, que los derrotó. Israel ocupó, entonces, toda la tierra de los amorreos que habitaban aquel territorio.22Ocuparon todo el territorio amorreo, desde el Arnón al Yaboc, y desde el desierto al Jordán.23Y ahora que el Señor, Dios de Israel, ha expulsado al amorreo ante su pueblo Israel, ¿tú pretendes desposeerlo?24¿Acaso no te pertenece por derecho lo que Camós, tu dios, te ha dado en posesión? ¿Y no va a pertenecernos a nosotros lo que el Señor, nuestro Dios, nos ha dado en posesión?25Pues bien, ¿vales tú más que Balac, hijo de Sipor, rey de Moab? ¿Se atrevió a litigar con Israel hasta el punto de hacerle la guerra?26Siendo así que Israel ha habitado durante trescientos años en Jesbón y sus villas, en Aroer y sus villas, y en todas las ciudades que están al borde del Arnón, ¿por qué no las habéis rescatado durante ese tiempo?27Yo no te he faltado. Tú, en cambio, has obrado mal, al declararme la guerra. Que el Señor juzgue hoy como juez entre los hijos de Israel y los amonitas».28Sin embargo, el rey de los amonitas no atendió a las palabras que Jefté le había transmitido.29El espíritu del Señor vino sobre Jefté. Atravesó Galaad y Manasés, y cruzó a Mispá de Galaad, y de Mispá de Galaad pasó hacia los amonitas.30Entonces Jefté hizo un voto al Señor: «Si entregas a los amonitas en mi mano,31el primero que salga de las puertas de mi casa a mi encuentro, cuando vuelva en paz de la campaña contra los amonitas, será para el Señor y lo ofreceré en holocausto».32Jefté pasó a luchar contra los amonitas, y el Señor los entregó en su mano.33Los batió, desde Aroer hasta Minit —veinte ciudades—, y hasta Abel Queramín. Fue una gran derrota, y los amonitas quedaron sometidos a los hijos de Israel.34Cuando Jefté llegó a su casa de Mispá, su hija salió a su encuentro con adufes y danzas. Era su única hija. No tenía más hijos.35Al verla, rasgó sus vestiduras y exclamó: «¡Ay, hija mía, me has destrozado por completo y has causado mi ruina! He hecho una promesa al Señor y no puedo volverme atrás».36Ella le dijo: «Padre mío, si has hecho una promesa al Señor, haz conmigo según lo prometido, ya que el Señor te ha concedido el desquite de tus enemigos amonitas».37Y le pidió a su padre: «Concédeme esto: déjame libre dos meses, para ir vagando por los montes y llorar mi virginidad con mis compañeras».38Él le dijo: «Vete». Y la dejó ir dos meses. Ella marchó con sus compañeras y lloró su virginidad por los montes.39Al cabo de dos meses volvió donde estaba su padre, que hizo con ella según el voto que había pronunciado. Ella no había conocido varón. Y quedó como costumbre en Israel40que de año en año vayan las hijas de Israel a conmemorar durante cuatro días a la hija de Jefté, el galaadita.