SCRUTATIO

Miércoles, 8 Julio 2026 - Santi Aquila e Priscilla ( Letture di oggi)

1 Macabeos 7


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1El año ciento cincuenta y uno, Demetrio, hijo de Seleuco, salió de Roma y, con unos pocos hombres, desembarcó en una ciudad marítima donde se proclamó rey.2Cuando se disponía a entrar en el palacio real de sus antepasados, el ejército apresó a Antíoco y a Lisias para llevarlos a su presencia.3Al saberlo, Demetrio dijo: «No quiero ver sus caras».4El ejército los mató y Demetrio se sentó en el trono real.5Entonces todos los israelitas apóstatas e impíos acudieron a él, con Alcimo al frente, que pretendía el cargo del sumo sacerdocio.6Ya en su presencia, acusaron al pueblo diciendo: «Judas y sus hermanos han hecho perecer a todos tus amigos y a nosotros nos han expulsado de nuestro país.7Envía, pues, ahora, a una persona de tu confianza, que vaya y vea los estragos que han causado en nosotros y en la provincia real, y los castigue a ellos y a todos los que los apoyan».8El rey eligió a Báquides, uno de sus Amigos, gobernador de Transeufratina, grande en el reino y fiel al rey.9Lo envió con el impío Alcimo, a quien concedió el sacerdocio, con la orden de castigar a los hijos de Israel.10Partieron con un ejército numeroso, entraron en la tierra de Judea y enviaron mensajeros a Judas y sus hermanos con falsas propuestas de paz.11Pero estos no hicieron caso a sus palabras, porque vieron que había venido con un gran ejército.12No obstante, un grupo de letrados se reunió con Alcimo y Báquides, tratando de encontrar una solución justa.13«Los leales» eran los primeros entre los hijos de Israel en pedirles la paz,14pues se decían: «Un sacerdote del linaje de Aarón ha venido con el ejército: no nos hará ningún mal».15Báquides habló con ellos amistosamente y les aseguró bajo juramento: «No intentaremos haceros mal ni a vosotros ni a vuestros amigos».16Le creyeron, pero él prendió a sesenta de ellos y los mató en un mismo día, según aquel texto de la Escritura:17«Esparcieron la carne y la sangre de tus santos en torno a Jerusalén y no hubo quien les diese sepultura».18Con esto, el miedo hacia ellos y el espanto se apoderó de todo el pueblo que decía: «No tienen sinceridad ni honradez, pues han violado el pacto y el juramento que habían jurado».19Báquides partió de Jerusalén y acampó en Betsaid. De allí mandó apresar a muchos de los suyos que habían desertado y a algunos del pueblo; los mató y los arrojó en la cisterna grande.20Luego puso la provincia en manos de Alcimo, dejó con él tropas que lo sostuvieran y marchó adonde estaba el rey.21Alcimo tuvo que luchar para defender su cargo de sumo sacerdote.22Se le unieron todos los perturbadores del pueblo, se hicieron dueños de la tierra de Judea y causaron un enorme estrago en Israel.23Cuando Judas vio todo el daño que Alcimo y los suyos hacían a los hijos de Israel, mayor que el que habían causado los gentiles,24salió a recorrer todo el territorio de Judea para castigar a los desertores e impedirles circular por la región.25Al ver Alcimo que Judas y los suyos cobraban fuerza, comprendiendo que no podía ofrecerles resistencia, se dirigió al rey y los acusó de graves delitos.26Entonces el rey envió a Nicanor, uno de sus generales más distinguidos y enemigo declarado de Israel, y le mandó exterminar al pueblo.27Nicanor llegó a Jerusalén con un ejército numeroso y envió a Judas y a sus hermanos un insidioso mensaje de paz diciéndoles:28«No haya pugna entre nosotros; iré a veros con una pequeña escolta en son de paz».29Fue, pues, adonde estaba Judas y ambos se saludaron amistosamente, pero los enemigos estaban preparados para secuestrar a Judas.30Este se enteró de que Nicanor había venido con engaños, se atemorizó y no quiso verlo más.31Nicanor, viendo descubiertos sus planes, salió a enfrentarse con Judas cerca de Cafarsalamá.32Cayeron unos quinientos hombres del ejército de Nicanor y los demás huyeron a la Ciudad de David.33Después de estos sucesos, subió Nicanor al monte Sión. Algunos sacerdotes y ancianos del pueblo salieron del santuario para saludarlo amistosamente y mostrarle el holocausto que se ofrecía por el rey.34Pero él se burló de ellos, los escarneció y escupió, y les habló con insolencia.35Encolerizado, juró: «Si ahora mismo no se me entrega a Judas y a su ejército en mis manos, cuando vuelva victorioso, prenderé fuego a este templo». Y salió enfurecido.36Los sacerdotes entraron y, de pie ante el altar y el santuario, exclamaron llorando:37«Tú has elegido este templo dedicado a tu Nombre, para que fuese casa de oración y súplica para tu pueblo;38castiga a este hombre y a su ejército, que caigan atravesados por la espada. Acuérdate de sus blasfemias y no les des tregua».39Nicanor salió de Jerusalén y acampó en Bet Jorón, donde se le unió un contingente de Siria.40Judas acampó en Adasá con tres mil hombres y oró diciendo:41«Cuando los enviados del rey blasfemaron, salió tu ángel y mató a ciento ochenta y cinco mil de ellos;42destruye también hoy este ejército ante nosotros y reconozcan los que queden, que su jefe profirió palabras impías contra tu santuario. ¡Júzgalo según su maldad!».43El día trece del mes de adar trabaron batalla los ejércitos y salió derrotado el de Nicanor. Nicanor cayó el primero en el combate44y su ejército, al verlo caído, arrojó las armas y se dio a la fuga.45Los judíos estuvieron persiguiéndolos un día entero, desde Adasá hasta llegar a Guézer, con las trompetas tocando a rebato detrás de ellos.46De todas las aldeas judías del contorno salió gente que, rodeándolos, les obligaron a volverse los unos sobre los otros. Todos cayeron a espada: no quedó ni uno de ellos.47Tomaron los despojos y el botín; cortaron la cabeza de Nicanor y su mano derecha, aquella que había extendido con insolencia, y las llevaron para exponerlas a la vista de Jerusalén.48El pueblo se llenó de gran alegría; celebraron aquel día como un gran día de regocijo49y acordaron conmemorarlo cada año el trece de adar.50La tierra de Judá gozó de sosiego por algún tiempo.