SCRUTATIO

Martes, 7 Julio 2026 - Sant´Edda ( Letture di oggi)

Ester 3


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1Después de esto, el rey Asuero elevó de categoría a Amán, hijo de Hamdatá, agaguita: le otorgó un rango superior al de los demás dignatarios.2Todos los servidores de palacio que estaban en la puerta del rey, por orden real, mostraban su respeto a Amán inclinándose y postrándose ante él. Mardoqueo, sin embargo, se negaba a inclinarse y postrarse.3Los servidores de palacio le preguntaban: «¿Por qué no obedeces la orden del rey?».4Día tras día le repetían la pregunta, pero Mardoqueo no se daba por enterado. Entonces lo denunciaron a Amán para ver si Mardoqueo se mantenía en su actitud, pues ya les había indicado que él era judío.5Cuando Amán comprobó que Mardoqueo no se arrodillaba ante él, montó en cólera.6Como le dijeron a qué raza pertenecía Mardoqueo, no se contentó con castigarle a él, sino que se propuso exterminar, junto con él, a todos los judíos residentes en el reino de Asuero.7El año duodécimo del reinado de Asuero, el mes primero, que es el mes de nisán, se efectuó en presencia de Amán el sorteo denominado pur para determinar el mes y el día en que el pueblo judío debía ser aniquilado. La suerte cayó en el mes duodécimo, que es el mes de adar.8Amán dijo al rey Asuero: «Hay un pueblo, disperso entre las gentes de todas las provincias de tu reino, que se mantiene apartado. Tiene leyes particulares y no cumple los decretos del rey. El rey no debe tolerarlo.9Si tu majestad estima oportuno decretar su destrucción, yo entregaré trescientos cincuenta mil kilos de plata con destino al tesoro real».10Entonces el rey se quitó de la mano el anillo del sello y, entregándoselo a Amán, hijo de Hamdatá, agaguita y enemigo de los judíos,11le dijo: «Quédate con el dinero; y con ese pueblo haz lo que quieras».12El día trece del mes primero fueron convocados los escribanos del rey para que redactaran, de acuerdo con las instrucciones de Amán, un documento destinado a los sátrapas del rey, a los gobernadores de cada una de las provincias y a los jefes de cada pueblo, a cada provincia en su escritura y a cada pueblo en su lengua. El documento, escrito en nombre del rey Asuero, llevaba el sello real.13A todas las provincias del reino fueron enviados mensajeros con cartas en las que se ordenaba destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y viejos, niños y mujeres, y saquear sus bienes en un solo día, el trece del mes duodécimo, que es el mes de adar.13He aquí el texto de la carta: «El gran rey Asuero a los gobernadores de las ciento veintisiete provincias, desde la India hasta Etiopía, y a los jefes de distrito bajo sus órdenes.13Aunque mi autoridad se extiende a muchas naciones y soy señor de toda la tierra, procuro no abusar de mi poder, sino gobernar con suavidad y justicia, para que mis vasallos vivan con tranquilidad y disfruten de paz, ese don tan querido por todos los hombres.13Habiendo preguntado a mis consejeros cómo conseguir este objetivo, uno de ellos, Amán, que se distingue por su prudencia y lealtad y que ocupa el segundo puesto en el reino,13nos ha informado de que, diseminado entre todos los pueblos de la tierra, hay un pueblo hostil, con leyes ajenas a las de todas las naciones, que rechaza continuamente las órdenes reales y dificulta la aplicación de nuestra benévola política.13Sabemos que ese pueblo sin igual, opuesto al resto de la gente, fiel a sus propias leyes y contrario a nuestros intereses, comete graves crímenes y amenaza la estabilidad del reino.13Por tanto ordenamos que todos los que os han sido indicados en las cartas de Amán, nuestro jefe de gobierno y casi segundo padre, sean exterminados por la espada de sus enemigos, sin piedad ni compasión, junto con sus mujeres e hijos, el día catorce del mes duodécimo, es decir, adar, del presente año.13Así, esos enemigos de ayer y de hoy descenderán al sepulcro en un mismo día, y nosotros podremos gozar en el futuro de paz y estabilidad».14Una copia del edicto que debía ser promulgado en cada provincia fue divulgada entre los pueblos con el fin de que se preparasen para aquel día.15Por orden del rey, los mensajeros partieron a toda prisa. El decreto fue promulgado en la ciudadela de Susa. Mientras el rey y Amán se dedicaban a beber, la ciudad estaba consternada.