SCRUTATIO

Martes, 7 Julio 2026 - Sant´Edda ( Letture di oggi)

Tobías 11


font

1Cuando se acercaban a Caserín, ya cerca de Nínive,2dijo Rafael: «Ya sabes cómo estaba tu padre cuando lo dejamos.3Vamos a adelantarnos nosotros a tu mujer para preparar la casa mientras llegan los demás».4Cuando caminaban los dos juntos, le dijo Rafael: «Ten a mano la hiel». El perro iba tras ellos.5Ana estaba sentada, con la mirada puesta en el camino por donde debía volver su hijo.6Cuando lo divisó de lejos, dijo al padre: «Mira, ahí llega tu hijo con el hombre que lo acompañaba».7Rafael dijo a Tobías antes de llegar a su padre: «Estoy seguro de que tu padre recobrará la vista.8Úntale los ojos con la hiel del pez. El remedio hará que las manchas blancas se contraigan y se desprendan. Tu padre recobrará la vista y verá la luz».9Ana acudió corriendo y se abrazó al cuello de su hijo mientras decía: «Ya te he visto, hijo. Ya puedo morir». Y rompió a llorar.10Tobit se levantó y, tropezando, atravesó la puerta del patio.11Tobías corrió hasta él con la hiel del pez en la mano; le sopló en los ojos, lo tomó de la mano y le dijo: «Ánimo, padre!». Tomó el remedio y se lo aplicó.12Luego, con ambas manos, le quitó como unas pielecillas de los ojos.13Tobit se echó al cuello de su hijo y gritó entre lágrimas: «Te veo, hijo, luz de mis ojos».14Y añadió: «Bendito sea Dios | y bendito sea su gran nombre; | benditos todos sus santos ángeles. | Que su gran nombre nos proteja. | Benditos por siempre todos los ángeles. | Tras el castigo se ha apiadado, | y ahora veo a mi hijo Tobías».15Tobías entró en casa lleno de gozo y alabando a Dios con voz potente. Después contó a su padre lo bien que le había ido en el viaje: traía el dinero y se había casado con Sara, la hija de Ragüel. Y agregó: «Estará a punto de llegar, casi a la puerta de Nínive».16Tobit, alegre y alabando a Dios, salió hacia la puerta de la ciudad, al encuentro de su nuera. La gente de Nínive quedaba estupefacta al verlo caminar con paso firme y sin ayuda de nadie. Él proclamaba ante ellos que Dios, en su misericordia, le había devuelto la vista.17Cuando se encontró con Sara, la mujer de su hijo, la bendijo con estas palabras: «¡Bienvenida seas, hija! Bendito sea tu Dios, que te ha traído a nuestra casa. Que él bendiga a tu padre, a mi hijo y a ti, hija mía. Entra en esta tu casa con salud, bendición y alegría. Entra, hija».18Aquel fue un día de fiesta para todos los judíos de Nínive.19También Ajicar y Nadab, sobrinos de Tobit, acudieron a felicitarlo.