SCRUTATIO

Martes, 1 Septiembre 2026 - Sant Egidio ( Letture di oggi)

Nehemías 9


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Biblia SagradaEL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS
1 El día veinticuatro de aquel mismo mes se reunieron los hijos de Israel para hacer ayuno, vestidos de saco y cubiertos de polvo.1 El día veinticuatro de ese mes, los israelitas se reunieron para un ayuno, vestidos de sayales y cubiertos de polvo.
2 Los de la raza de los hijos de Israel se separaron de todos los extranjeros, se presentaron y confesaron sus pecados y las iniquidades de sus padres.2 Los de la estirpe de Israel se separaron de todos los extranjeros y se presentaron para confesar sus pecados y las faltas de sus padres.
3 De pie, cada uno desde su sitio, leyeron el libro de la ley del Señor, su Dios, durante tres horas. Después, en otras tres horas confesaron sus pecados y adoraron al Señor, su Dios.3 Una vez ubicados en sus puestos, durante una cuarta parte del día se leyó el libro de la Ley del Señor, su Dios, y durante otra cuarta parte, confesaron sus pecados y se postraron delante del Señor, su Dios.
4 A continuación subieron a la tribuna de los levitas Josué, Baní, Cadmiel, Sebanías, Buní, Serebías y Quenaní, y clamaron en alta voz al Señor, su Dios.4 Sobre la tribuna de los levitas se levantó Josué, junto con Binuí, Cadmiel, Sebanías, Buní, Serebías, Baní y Quenaní, y clamaron en alta voz al Señor, su Dios.
5 Y los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasabnías, Serebías, Hodiyías, Sebanías y Petajías dijeron: «¡Poneos en pie y bendecid al Señor, vuestro Dios, desde siempre y por siempre! ¡Bendito sea tu nombre glorioso, que supera toda bendición y alabanza!».5 Luego los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasbanías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petajías dijeron: «¡Levántense, bendigan al Señor, su Dios, desde siempre y para siempre! Sea bendecido tu Nombre glorioso, que supera toda bendición y alabanza».
6 Y Esdras oró así: «¡Tú eres el único Señor! Tú hiciste el cielo, el cielo de los cielos y todas sus estrellas, la tierra y todo cuanto hay en ella, los mares y todo lo que contienen. Tú das la vida a todo y todos los astros del cielo te adoran.6 Y Esdras dijo: «¡Tú eres el Señor, sólo tú! Tú hiciste los cielos, lo más alto del cielo y todo su ejército, la tierra y todo lo hay en ella, los mares y todo lo que contienen, A todo eso le das vida. y el ejército del cielo se postra ente ti.
7 Tú eres, Señor, el Dios que elegiste a Abrán, le sacaste de Ur de los caldeos y le diste el nombre de Abrahán.7 Tú, Señor, eres el Dios que elegiste a Abram, lo hiciste salir de Ur de los caldeos y le pusiste por nombre Abraham.
8 Comprobaste que su corazón era fiel a ti e hiciste con él una alianza, para darle a él y a su descendencia la tierra del cananeo, del hitita, del amorreo, del pereceo, del jebuseo, del guirgaseo. Y has cumplido tu palabra, porque eres justo.8 Al ver que su corazón te era fiel, concluiste con él la alianza, para darle el país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jebuseos y guirgasitas, y para dárselo a su descendencia. Y has cumplido tus palabras, porque eres justo.
9 Viste la aflicción de nuestros padres en Egipto y escuchaste su clamor junto al mar Rojo.9 Tú viste la miseria de nuestros padres en Egipto, oíste su clamor junto al Mar Rojo,
10 Hiciste milagros y prodigios contra el faraón, contra todos sus siervos y contra el pueblo entero de su país, porque sabías que los habían tratado con arrogancia. Te formaste un renombre que dura todavía hoy.10 Hiciste signos y prodigios contra el Faraón, contra sus servidores y todo el pueblo de su país, porque sabías con qué arrogancia los habían tratado; así adquiriste un renombre que perdura hasta hoy.
11 Dividiste el mar ante ellos y lo pasaron a pie enjuto. Mientras, a sus perseguidores los precipitaste en el abismo, como una piedra en aguas impetuosas.11 Abriste ante ellos el mar, y ellos lo cruzaron sin mojarse los pies; pero a sus perseguidores los hundiste en el abismo, como una piedra en las aguas caudalosas.
12 Los guiaste de día mediante una columna de nube, de noche con una columna de fuego, para alumbrarles el camino que debían seguir.12 Los guiaste de día con una columna de nube y de noche, con una columna de fuego, para iluminarles el camino que debían recorrer.
13 Después bajaste sobre el monte Sinaí, hablaste con ellos desde el cielo, les diste órdenes justas, leyes verdaderas, preceptos y mandamientos buenos.13 Tú bajaste a la montaña del Sinaí y hablaste con ellos desde el cielo; les diste normas justas y leyes fidedignas, preceptos y mandamientos excelentes.
14 Les enseñaste tu santo sábado, les prescribiste mandamientos, preceptos y leyes por medio de tu siervo Moisés.14 Les hiciste conocer tu santo día sábado y les prescribiste mandamientos, preceptos y una Ley, por medio de Moisés, tu servidor.
15 Les diste pan del cielo para saciar su hambre, hiciste manar agua de una roca para calmar su sed y les mandaste que tomaran posesión del país que, con la mano alzada, habías jurado darles.15 Tú les diste pan del cielo para saciar su hambre, hiciste brotar agua de la roca para calmar su sed, y les mandaste ir a tomar posesión de la tierra que, con la mano en alto, habías jurado darles.
16 Pero ellos, nuestros antepasados, se obstinaron, persistieron en su terquedad y no obedecieron tus mandatos.16 Pero nuestros padres se mostraron arrogantes, se obstinaron y desoyeron tus mandamientos.
17 No quisieron escuchar y no se acordaron de las maravillas que habías realizado para ellos. Se volvieron tercos y se empeñaron en volver a su esclavitud de Egipto. Pero tú eres un Dios dispuesto a perdonar, clemente y misericordioso, lento a la ira y lleno de bondad. Por eso no los abandonaste;17 Se negaron a obedecer, sin acordarse de las maravillas que habías hecho por ellos; se obstinaron, empecinándose en volver a su servidumbre en Egipto. Pero tú eres el Dios del perdón, compasivo y misericordioso, lento para enojarte y lleno de fidelidad; por eso, no los has abandonado.
18 ni siquiera cuando se fabricaron un becerro de metal fundido y dijeron: “¡Este es tu dios, que te ha sacado de Egipto!”, y cometieron grandes abominaciones.18 Ellos se fabricaron un ternero de metal fundido, diciendo: «Aquí está tu Dios, el que te hizo salir de Egipto», y así cometieron un gran ultraje.
19 Pues tú, por tu inmensa misericordia, no los abandonaste en el desierto. No se apartó de ellos la nube que durante el día los guiaba en su camino, ni la columna de fuego que por la noche alumbraba la ruta por la que habían de caminar.19 Pero aún entonces, por tu gran misericordia, no los abandonaste en el desierto: la columna de nube no se alejó de ellos de día, para guiarlos por el camino, no la columna de fuego durante la noche, para iluminarles el camino que debían recorrer.
20 Les diste tu espíritu bueno para instruirlos. No negaste el maná a su boca. Les diste agua para calmar la sed.20 Tú les diste tu buen espíritu, para que supieran discernir; no les quitaste el maná de la boca y les diste agua para calmar su sed.
21 Los mantuviste cuarenta años en el desierto. No les faltó nada. Sus vestidos no se gastaron ni se les hincharon los pies.21 Cuarenta años los sustentaste en el desierto y nunca les faltó nada: no se gastaron sus vestidos ni se les hincharon los pies.
22 Les diste reinos y pueblos y se los repartiste. Sometieron a Sijón, rey de Jesbón; y a Og, rey de Basán.22 Tú les entregaste reinos y pueblos, y se los repartiste como zona fronteriza: tomaron posesión del país de Sijón, rey de Jesbón, y del país de Og, rey de Basán.
23 Multiplicaste a sus hijos como las estrellas del cielo. Los llevaste a la tierra que habías prometido dar a sus padres.23 Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los introdujiste en la tierra que habías prometido a sus padres en posesión.
24 Así entraron los hijos y se apoderaron de la tierra. Humillaste ante ellos a los cananeos, pobladores del país, y los entregaste en sus manos, a ellos, a sus reyes y a los pueblos del país, para que los tratasen a su gusto.24 Los hijos entraron y tomaron posesión del país, y tú sometiste ante ellos a los habitantes del país, los cananeos: los pusiste en sus manos, igual que a sus reyes y a los pueblos del país, para que ellos los trataran a su arbitrio.
25 Se apoderaron de ciudades amuralladas, de una tierra fértil. Ocuparon casas y todo tipo de bienes: pozos, viñedos, olivares y árboles frutales en abundancia. Comieron, se saciaron, engordaron y se recrearon en tu gran bondad.25 Así conquistaron plazas fuertes y un suelo fértil; se adueñaron de casas llenas de toda clase de bienes, de cisternas excavadas, viñas y olivares y de árboles frutales en abundancia. Comieron hasta saciarse y engordaron, y por tu gran bondad, vivieron en medio de delicias.
26 Pero fueron insolentes. Se rebelaron contra ti y echaron tu ley a sus espaldas. Mataron a tus profetas, que les exhortaban a convertirse a ti, y te ofendieron gravemente.26 Pero después fueron indóciles y se rebelaron contra ti: arrojaron tu Ley a sus espaldas, mataron a los profetas que los conminaban a volver a ti, y cometieron grandes ultrajes.
27 Entonces los entregaste en mano de sus enemigos, que los oprimieron. Clamaron a ti en el momento de angustia y tú los escuchaste desde el cielo. Por tu gran bondad, les diste liberadores que los salvasen de las manos de sus enemigos.27 Tú los entregaste en manos de sus opresores, y ellos los oprimían. En el momento de la opresión, clamaban a ti; tú los escuchabas desde el cielo y, por tu gran misericordia, les mandabas salvadores que los salvaban de sus opresores.
28 Pero en cuanto recobraron la tranquilidad, volvieron a obrar mal ante ti y tú los abandonaste en manos de sus enemigos, que los sometieron a su yugo. Entonces te suplicaron otra vez y tú los escuchaste desde el cielo y por tu gran bondad los salvaste.28 Pero apenas se sentían tranquilos, volvían a hacer el mal delante de ti, y tú los abandonabas en manos de sus enemigos, que los oprimían; ellos volvían a invocarte y tú los oías desde el cielo: ¡cuántas veces los salvaste por tu misericordia!
29 Les instabas a convertirse a tu ley, pero ellos actuaron con orgullo y no escucharon tus mandamientos, pecando contra tus leyes, que dan la vida a quienes las cumplen. Endurecieron su cerviz, persistieron en su terquedad y no obedecieron.29 Tú los conminabas a que volvieran a tu Ley, pero ellos se mostraron arrogantes y no obedecieron tus mandamientos; pecaron contra tus normas, las que el hombre debe cumplir para tener la vida; volvieron la espalda con rebeldía, se obstinaron y no obedecieron.
30 Aun así, fuiste benévolo con ellos muchos años. Los amonestaste con tu espíritu por medio de los profetas, pero no escucharon. Entonces los entregaste en manos de los pueblos gentiles.30 Tú fuiste paciente con ellos durante muchos años; les advertiste con tu espíritu, por medio de tus profetas; pero ellos no escucharon y tú los entregaste en manos de otros pueblos.
31 Pero por tu gran bondad no los aniquilaste ni los abandonaste, porque eres un Dios clemente y misericordioso.31 Sin embargo, por tu gran misericordia, no los has exterminado ni abandonado, porque eres un Dios compasivo y misericordioso.
32 Ahora, ¡oh Dios nuestro!, Dios grande, poderoso, terrible, que guardas la Alianza y la misericordia, no desdeñes la desgracia que ha caído sobre nosotros, nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes, nuestros profetas, nuestros padres y todo tu pueblo, desde la época de los reyes de Asiria hasta el día de hoy.32 Y ahora, Dios nuestro, Dios grande, poderoso y temible, que mantienes la alianza y la fidelidad, no menosprecies las tribulaciones que nos han sobrevenido a nosotros, a nuestros reyes y a nuestros jefes, a nuestros sacerdotes y profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los tiempos de los reyes de Asiria hasta el día de hoy.
33 Has sido justo en todo lo que nos ha sobrevenido, porque has actuado con tu lealtad, y nosotros, en cambio, con maldad.33 Tú has sido justo en todo lo que nos ha sobrevenido, porque tú has obrado con fidelidad y nosotros cometimos el mal.
34 Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros antepasados no cumplieron tu ley ni obedecieron tus mandamientos y las normas que tú les habías dado.34 Sí, nuestros reyes, nuestros jefes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no practicaron la ley, no hicieron caso de tus mandamientos ni de las advertencias que les habías hecho.
35 Ellos, cuando ocupaban su reino, no te sirvieron ni se arrepintieron de sus malas acciones, a pesar de los abundantes bienes que tú les concedías, en esta tierra ancha y feraz que tú habías puesto a su disposición.35 Durante su reinado, en medio de los grandes bienes que les concediste, y en la tierra espaciosa y fértil que les entregaste, ellos no te sirvieron ni se convirtieron de sus malas acciones.
36 Ahora nosotros mismos somos esclavos. Estamos esclavizados en el país que diste a nuestros padres para que comieran de sus frutos y sus bienes.36 Mira que hoy estamos esclavizados, sí, somos esclavos aquí, en el país que diste a nuestros padres, para que gozáramos de sus frutos y de sus bienes.
37 Sus muchos frutos son para los reyes que nos has impuesto por nuestros pecados. Ellos hacen lo que quieren con nosotros y con nuestro ganado. Por eso estamos tan angustiados.37 Sus abundantes productos son para los reyes que tú nos has impuesto a causa de nuestros pecados, y ellos disponen a su arbitrio de nuestras personas y nuestro ganado. ¡En qué opresión hemos caído!».