SCRUTATIO

Martes, 7 Julio 2026 - Sant´Edda ( Letture di oggi)

2 Samuel 26


font

1Los zifeos fueron a ver a Saúl a Guibeá y le dijeron: «David está escondido en el collado de Jaquilá, en frente de la estepa».2Entonces Saúl emprendió la bajada al desierto de Zif, llevando tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David allí.3Saúl acampó en el collado Jaquilá, frente a la estepa, junto al camino. Cuando David, que permanecía en el desierto, vio que Saúl venía en su busca,4envió espías y supo que había llegado a un lugar determinado.5David fue al lugar donde había acampado Saúl y vio dónde estaban acostados Saúl y el jefe de su ejército, Abner, hijo de Ner. Saúl estaba acostado en el cercado y el ejército estaba acampado a su alrededor.6David tomó entonces la palabra y preguntó a Ajimélec, el hitita, y a Abisay, hijo de Seruyá, hermano de Joab: «¿Quién quiere bajar conmigo al campamento donde se encuentra Saúl?». Abisay respondió: «Yo bajaré contigo».7David y Abisay llegaron de noche junto a la tropa. Saúl dormía, acostado en el cercado, con la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa dormían en torno a él.8Abisay dijo a David: «Dios pone hoy al enemigo en tu mano. Déjame que lo clave de un golpe con la lanza en la tierra. No tendré que repetir».9David respondió: «No acabes con él, pues ¿quién ha extendido su mano contra el ungido del Señor y ha quedado impune?».10Y prosiguió: «Vive el Señor, que él le herirá, ya se acerque su día y muera, ya baje a la guerra y perezca.11El Señor me libre de extender la mano contra su ungido. Ahora, coge la lanza de su cabecera y el jarro de agua y vámonos».12David cogió la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl, y se marcharon. Nadie los vio, ni se dio cuenta, ni se despertó. Todos dormían, porque el Señor había hecho caer sobre ellos un sueño profundo.13David cruzó al otro lado y se puso en pie sobre la cima de la montaña, lejos, manteniendo una gran distancia entre ellos.14Y gritó a la tropa y a Abner, hijo de Ner: «¿No respondes, Abner?». Abner preguntó: «¿Quién eres tú, que gritas al rey?».15David le contestó: «¿No eres un gran hombre? ¿Quién como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has protegido al rey, tu señor, cuando uno del pueblo entró para matarlo?16No está bien lo que has hecho. Vive el Señor, que merecéis la muerte, por no haber protegido al ungido del Señor. Ahora, busca la lanza del rey y el jarro de agua que tenía a la cabecera».17Saúl reconoció la voz de David y dijo: «¿Es esta tu voz, David, hijo mío?». David respondió: «Es mi voz, oh rey, mi señor».18Y prosiguió: «¿Por qué mi señor persigue a su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Qué hay de malo en mí?19Escuche el rey, mi señor, las palabras de su siervo: si el Señor te mueve contra mí, sea aplacado con una ofrenda, pero si son los hombres, malditos sean ante el Señor los que me han excluido hoy de participar en la heredad del Señor, diciéndome: “Ve a servir a otros dioses”.20Que no caiga mi sangre en tierra, lejos de la presencia del Señor. Pues el rey de Israel ha salido a luchar buscando una pulga, como el que persigue la perdiz por los montes».21Saúl respondió: «He obrado mal. Vuelve, David, hijo mío. No volveré a hacerte mal, por haber respetado hoy mi vida. He sido un insensato y me he equivocado por completo».22David respondió: «Aquí está la lanza del rey. Venga por ella uno de sus servidores.23Y que el Señor pague a cada uno según su justicia y su fidelidad. Él te ha entregado hoy en mi poder, pero yo no he querido extender mi mano contra el ungido del Señor.24Como tu vida ha sido preciosa hoy a mis ojos, tan preciosa sea la mía a los ojos del Señor, y me libre de toda adversidad».25Saúl le dijo: «Bendito seas, hijo mío, David. Llevarás a cabo cuanto quieras y triunfarás». Entonces David prosiguió su camino y Saúl volvió a su casa.