Scrutatio

Sabato, 27 aprile 2024 - Santa Zita ( Letture di oggi)

Lucas 24


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1El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado.2Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro3y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.4Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes.5Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?6No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea:7«Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día».8Y las mujeres recordaron sus palabras.9Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás.10Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles,11pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron.12Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por lo que había sucedido.13Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.14En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.15Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.16Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.17El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste,18y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».19«¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,20y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.21Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.22Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro23y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.24Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».25Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!26¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?»27Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él.28Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.29Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos.30Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.31Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.32Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».33En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,34y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».35Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.36Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes».37Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,38pero Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?39Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo».40Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.41Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: «¿Tienen aquí algo para comer?».42Ellos le presentaron un trozo de pescado asado;43él lo tomó y lo comió delante de todos.44Después les dijo: «Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos».45Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras,46y añadió: «Así esta escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día,47y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.48Ustedes son testigos de todo esto.49Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto».50Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo.51Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.52Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría,53y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.